POR ROBERTO VERAS
El grupo de jóvenes llamado Los Palmeros representan uno de los episodios más significativos y dolorosos de la lucha por la libertad y la democracia en la República Dominicana. Su nombre está ligado al sacrificio, la valentía y la resistencia frente a un régimen autoritario que perseguía y silenciaba a quienes se atrevían a soñar con un país distinto.
Este grupo estuvo integrado por jóvenes dominicanos comprometidos con la causa de la libertad, quienes se entrenaron en Cuba con el objetivo de organizar y dirigir comandos de la resistencia contra el gobierno de entonces. No eran improvisados ni aventureros, sino militantes formados política y militarmente, conscientes de los riesgos que asumían al enfrentar un aparato represivo poderoso y decidido a aplastar cualquier intento de oposición organizada.
Los integrantes de este comando revolucionario fueron Amaury Germán Aristy, Virgilio Perdomo Pérez, Bienvenido Leal Prandy (La Chuta) y Ulises Cerón Polanco. Cada uno de ellos asumió con determinación su compromiso histórico, convencidos de que la lucha por restaurar la democracia valía incluso el precio más alto. Sus nombres quedaron grabados en la memoria colectiva como símbolos de dignidad y coherencia política.

El 12 de enero de 1972 estos jóvenes fueron muertos durante un enfrentamiento que se prolongó por más de diez horas. El operativo, ejecutado con una fuerza desproporcionada, dejó en evidencia el temor del régimen ante la firmeza y el ejemplo que representaban Los Palmeros. No se trató de un simple choque armado, sino de una acción destinada a eliminar físicamente a quienes encarnaban la resistencia.
A pesar de su caída, Los Palmeros no fueron derrotados en el plano histórico ni moral. Su sacrificio contribuyó a fortalecer la conciencia democrática del pueblo dominicano y a desnudar ante la sociedad y el mundo los métodos represivos utilizados para mantener el poder. Su muerte se convirtió en una denuncia viva contra la intolerancia política y la negación de los derechos fundamentales.
Por esa razón, el 12 de enero se conmemora hoy como el Día de la Resistencia Heroica, una fecha que invita a reflexionar sobre el valor de la memoria histórica y el deber de las nuevas generaciones de conocer la verdad. Recordar a Los Palmeros no es un acto de nostalgia, sino un compromiso con la defensa permanente de la democracia y las libertades públicas.
Honrar a Amaury, Virgilio, La Chuta y Ulises implica reconocer que la democracia dominicana tiene raíces profundas en la lucha y el sacrificio de hombres y mujeres que no claudicaron ante el miedo. Su ejemplo sigue siendo una lección vigente: la libertad no se hereda, se construye y se defiende, aun cuando el costo sea la propia vida.
jpm-am
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