
Redacción.- Durante décadas, la lepra fue sinónimo de aislamiento y miedo; hoy, pese a contar con tratamiento eficaz, sigue arrastrando prejuicios que afectan el acceso a la salud y la vida cotidiana de quienes la padecen.
El Día Mundial contra la Lepra, que se conmemora cada enero, busca romper ese silencio, poner sobre la mesa la información médica actual y recordar que combatir esta enfermedad también implica enfrentar la discriminación que aún la rodea.
La lepra es una enfermedad infecciosa crónica causada principalmente por la bacteria Mycobacterium leprae.
Fue identificada en el siglo XIX y afecta sobre todo la piel y los nervios periféricos, que son los encargados de transmitir la sensibilidad y controlar algunos movimientos del cuerpo. En ciertos casos, también puede comprometer las vías respiratorias superiores y los ojos.
Una de las características de esta enfermedad es que avanza lentamente. Los síntomas pueden tardar meses o incluso años en manifestarse, lo que hace que muchas personas no busquen atención médica de inmediato.
Entre los signos más comunes se encuentran manchas claras u oscuras en la piel con pérdida de sensibilidad, hormigueo persistente, debilidad muscular o lesiones que no duelen.
La buena noticia es que la lepra es curable. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tratamiento estándar es la terapia multidroga (MDT), que combina antibióticos y es altamente eficaz para detener la enfermedad, evitar su transmisión y prevenir discapacidades cuando se inicia a tiempo.
Sin embargo, el acceso al tratamiento no siempre es el principal obstáculo. En muchos casos, lo que retrasa el diagnóstico es el miedo al rechazo, la desinformación o la creencia errónea de que la lepra es altamente contagiosa o incurable, lo que refuerza la importancia de esta conmemoración anual.