La convivencia social organizada – las reuniones, los banquetes comunitarios, los rituales compartidos y, en tiempos modernos, las peñas – tiene una antigüedad que se remonta a los orígenes de nuestra especie. Tanto la arqueología como la antropología coinciden en que antes de que existiera la escritura, ya existían la solidaridad, el cuidado mutuo, la cooperación y la celebración colectiva.
A Margaret Mead (antropóloga norteamericana) se le atribuye, en una célebre conferencia, haber mostrado un fémur humano fracturado y completamente curado, como ejemplo de la primera evidencia de humanidad: la prueba de que alguien cuidó del herido, lo protegió, lo alimentó y le dio tiempo para sanar. Aunque la historia exacta del fémur ha sido discutida, la idea es profundamente antropológica: la compasión y la cooperación son el origen de la civilización (Mead, Coming of Age in Samoa, 1928).
Una revisión bibliográfica y de IA nos muestra que las primeras evidencias de restos hallados en África – conchas perforadas, pigmentos ocres, acumulaciones de alimentos procesados y fogones múltiples – indican reuniones grupales de función ritual y social entre los primeros Homo Sapiens. Sitios como Blombos Cave y Pinnacle Point (Sudáfrica) muestran organización colectiva alrededor de la caza, la ornamentación y la cohesión grupal (Henshilwood etal., Sciencie, 20002).
En Israel, en la cueva de Hilazon Tachtit, se halló un banquete ritual asociado al entierro de una mujer chamán, con restos de tortugas, gacelas y alimentos seleccionados. Es uno de los banquetes del Paleolítico tardío y el Mesolítico más antiguos conocidos (15,000-10,000).
Estos eventos tenían un sentido de caza, transición vital y cohesión espiritual. En el Neolítico (10,000-5,000 a.C.), en Gobekli Tepe, considerado el templo más antiguo del mundo, se encontraron depósitos de cereal fermentado (proto-cerveza), huesos de animales para consumo masivo y áreas para reuniones de cientos de personas. Se interpretan como las primeras celebraciones comunitarias registradas (Dietry et al., Antiquity, 2012).
En la edad de bronce (3,000-1,000 a.C.), el banquete se convierte en institución social y política en Egipto, Mesopotamia, Creta y Micenas, se encontraron: vajillas ceremoniales, listas de alimentos y vino para invitados, salas de banquetes en palacios y ritos religiosos con participación política, el banquete legitimaba el poder, establecía alianzas y unía a las comunidades. En Grecia y Roma (1,000-500 a.C.) el symposion griego y el convivium romano fueron espacios para beber, debatir, filosofar, pactar y exhibir estatus. En la Edad Media, el Renacimiento, Barroco y Rococó (XVIII- XX), los grandes banquetes de cortes celebraban bodas, coronaciones, victorias militares y espectáculos musicales.
En Versalles, Viena y Madrid se organizaban elaboradas fiestas teatrales y gastronómicas. Con la modernidad e ilustración de los siglos XVIII-XX surgen clubes, cafés ilustrados, sociedades científicas y salones literarios: la sociabilidad urbana se institucionaliza.
LA AMÉRICA PRECOLOMBINA Y SUS CONVITES.
Las sociedades prehispánicas del Caribe, Mesoamérica y los Andes dejaron abundante evidencia arqueológica, iconográfica y etnohistórica de banquetes rituales, convites políticos y celebraciones comunitarias. En yacimientos del Caribe insular se han encontrado restos de: hutías, iguanas, manatíes, tortugas, peces, aves, frutas, yuca y casabe, vasijas para bebidas fermentadas (yuca y maíz), espacios ceremoniales para areítos y plazas con uso festivo-ritual. Estas reuniones integraban a la comunidad, celebraban cosechas, honraban a los dioses y sellaban alianzas entre cacicazgos (Deagan – Cruxent, Archaeology of the Caribbean, 2002).
DE LAS SOCIEDADES SECRETAS A LAS PEÑAS DOMINICANAS.
En la República Dominicana, la sociabilidad organizada aparece temprano en el siglo XIX:
*La Trinitaria – sociedad secreta fundada por Juan Pablo Duarte (1838).
*La Filantrópica y La Dramática – espacios públicos culturales (1838-1840).
* Tertulias privadas en casas ilustradas antes de la independencia.
* Sociedad Amantes de las Letras (1854) – primera sociedad literaria formal.
* Sociedad Amigos del país (ca. 1870).
*Liceos, casinos culturales y clubes en Santiago, La Vega y Puerto Plata.
*Club Unión (1880), referente urbano de sociabilidad moderna. A finales del XIX e inicios del XX surgen peñas literarias y tertulias en cafés urbanos, formas más libres y dinámicas de convivencia intelectual.
LAS PEÑAS URBANAS DEL SIGLO XX: EL CONDE, COLÓN E INDEPENDENCIA.
Las peñas urbanas de Santo Domingo, especialmente a lo largo de los parques Colón e Independencia y la calle El Conde, constituyen un ecosistema cultural sin paralelo.
Las peñas del parque Colón desde las primeras décadas del siglo XX hasta hoy, frecuentadas por poetas, periodistas, músicos, estudiantes, pintores y políticos, eran debates abiertos de humor, crítica social y vida bohemia.
Las del parque Independencia, muy activas entre los años 50-70, con trajes formales, sombreros y largas discusiones políticas y literarias.
Las de las esquinas del Conde eran abiertas y cada una tenía su público, se destacaban: Palo Hincado (peña variada); Santomé (peña histórica coordinada por Chito Henríquez / Dato Pagán y sus seguidores); 19 de Marzo (peña cinematográfica lidereada por Armando Almánzar, Alberto Pérez Perdomo y miembros del Cine Club Dominicano); Hostos (peña variada con poetas, escritores, periodistas), y Arzobispo Meriño (peña artística: pintores, escultores, escritores y uno que otro lunático). Eran peñas móviles, donde era posible migrar de una esquina a otra según el tema o la compañía.
Los caminadores iluminados del Conde, los escritores: Pedro Peix y Andrés L. Mateo reseñaron muy bien la atmósfera y las vivencias de las peñas urbanas, de igual forma, los pintores Virgilio García y José Cestero, trazaron los detalles de sus caminatas diarias en sus lienzos.
LAS FARMACIAS COMO CENTROS DE TERTULIA
Antes de la masificación del café moderno, las farmacias del Conde fueron catedrales de la conversación urbana: Farmacia Dr. Gómez – próxima a la calle Espaillat; muy frecuentada por periodistas, narradores deportivos, poetas y políticos. Farmacia Lora – ambiente popular, literario-musical. Farmacia Central – my periodística; lugar de desahogo crítico y análisis político.
Fuera del Conde: Farmacia Pasteur y Farmacia Carmina, frecuentada por estudiantes de la Alianza Francesa.
CASAS QUE TAMBIÉN FUERON PEÑAS.
Las residencias de historiadores y poetas fueron peñas literarias por años así se destacan las de Franklin Mieses Burgos, Rodríguez Demorizi, JI Jiménez G, Silvano Lora, Pedro Mir, Víctor Villegas, Manuel del Cabral, Natacha Sánchez, Julio Postigo, entre otros tantos.
La de Verónica Sención en el Hostal Nicolás de Ovando fue una peña icónica como la de Virtudes Uribe, Librería Trinitaria.
Las peñas de melómanos en las casas de Ramón Francisco y Gonzalo Mejía fueron frecuentadas por amigos del bolero.
En los 70s, compañeros de estudios formaron la peña “grupo de parejas” en las casas de los amigos, con charlas con Juan Bosch y Pedro Mir.
El crecimiento urbano de la ciudad trasladó las peñas a otros escenarios, las cafeterías de supermercados, verdaderas peñas baristas, una variedad para todos los gustos. Cada grupo se convertía en fiel defensor de su peña respectiva. De igual forma, los restaurantes más importantes desarrollaron “peñas culinarias y etílicas” , donde la rutina de libar un par de copas de vino o de destilados, y degustar platos criollos exquisitos, se mezcla con discusiones – conversaciones sobre diversos temas, con el agravante del aumento de los decibeles acorde con el aumento de los niveles de alcoholemia de los asistentes. Las peñas del Palacio de le Esquizofrenia y las del Mesón de Bari/Lucía fueron por mucho tiempo, las mas populares y se mantienen hasta hoy activas.
Con la popularización de los “colmadones”, como refugio económico en los barrios citadinos, se logró solucionar el costo de las peñas etílicas, sin resolver el problema del ruido con los músicos urbanos y el griterío de la gleba.
BIBLIOGRAFÍA
Oyuela-Caycedo, Feasts and Social Complexity (Smithsonian, 2006).
De la Maza, Las Sociedades Dominicanas del Siglo XIX.
Vetilio Alfau Durán, crónicas urbanas del Conde.
Emilio Rodríguez Demorizi, Documentos para la Historia de Santo Domingo.
José Chez Checo, Historia social y cultural dominicana.
Roberto Cassá, Historia Cultural Dominicana.
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