Diplomático español José Antonio Zorrilla advierte que Venezuela atraviesa una guerra civil latente

El diplomático español José Antonio Zorrilla lanza una advertencia contundente sobre Venezuela: el país vive una tensión social tan profunda que puede definirse como una guerra civil latente. No se trata, aclara, de un conflicto armado abierto, sino de una realidad más compleja y peligrosa, donde el poder político y el poder real caminan por vías distintas.
Para Zorrilla, el centro del problema no está únicamente en los procesos electorales, sino en una pregunta esencial: ¿quién tiene la fuerza? Cuando los resultados en las urnas no coinciden con el control de las armas los colectivos, los comités armados y sectores del estamento militar, el Estado entra en una zona de alto riesgo. “Eso es una guerra civil”, sostiene, incluso si todavía no se manifiesta con enfrentamientos masivos en las calles.
El diplomático subraya durante una entrevista realizada por el Grupo de Medios El Demócrata, que esta tensión permanente mantiene a la sociedad venezolana al borde del colapso. La presión social acumulada, la polarización extrema y la ausencia de canales efectivos de resolución política convierten cualquier chispa en un potencial detonante. En ese contexto, el futuro del país se vuelve impredecible y altamente dependiente de factores externos.
Zorrilla también pone en duda los escenarios que plantean un eventual juicio internacional contra Nicolás Maduro. A su juicio, ese desenlace no está definido por principios jurídicos, sino por cálculos políticos. Todo dependerá de cómo evolucione la crisis interna y de la lectura que haga Estados Unidos sobre el equilibrio de fuerzas dentro de Venezuela. Washington, advierte, actuará según lo que considere más conveniente a sus intereses estratégicos.
La advertencia de Zorrilla no es solo sobre Venezuela, sino sobre lo que representa: un país atrapado en un conflicto sin resolución clara, donde la legalidad, la legitimidad y el poder efectivo no coinciden. Mientras esa fractura persista, concluye, Venezuela seguirá viviendo en un estado de confrontación silenciosa, con el riesgo permanente de que la guerra latente se convierta en una realidad abierta.