Opinion

Orlando Jorge Mera: la historia de un legado que trasciende

Francisco Tavárez

La Dirección General de Aduanas (DGA), bajo el liderazgo de su director Eduardo Sanz Lovatón, nombró el edificio de Laboratorio de esa entidad con el nombre de Orlando Jorge Mera, un gesto que va más allá de la formalidad protocolar. Este reconocimiento reafirma un compromiso moral con una trayectoria que no debe perderse en la prisa con que a veces avanza la historia. Es, además, un recordatorio de que los grandes hombres (los realmente grandes) viven más allá de su tiempo.

Previo al acto, amigos, dirigentes políticos y figuras de la vida nacional coincidieron en una misma idea: la vida de Orlando Jorge Mera fue un ejemplo sostenido de integridad, institucionalidad y defensa del medioambiente. Su visión sobre la protección de los recursos naturales, su empeño en fortalecer las instituciones y su forma transparente de ejercer el poder constituyen un legado que debe inspirar a quienes hoy administran la cosa pública.

Hay figuras cuya partida física no borra su presencia en la vida pública; al contrario, la multiplica. Orlando Jorge Mera pertenece a ese reducido grupo de dominicanos cuya memoria continúa iluminando conversaciones, decisiones y principios de Estado. Su historia no es solo la de un político o un académico: es la de un ciudadano convencido de que la integridad es el mayor patrimonio que puede dejarse a un país.

Las palabras de su hijo, el diputado Orlando Jorge Villegas, expresaron no solo orgullo familiar, sino también un llamado a preservar la memoria colectiva. Propuso que los edificios tradicionales del país lleven los nombres de ciudadanos que han aportado de manera significativa a la nación, para evitar que vidas ejemplares se diluyan en el olvido. En su caso, la responsabilidad es doble: honrar la memoria de su padre y la de su abuelo, el expresidente Salvador Jorge Blanco, dos generaciones marcadas por el servicio.

La viuda del exministro, la embajadora Patricia Villegas de Jorge, también puso en palabras el sentir de muchos: dedicar un edificio con el nombre de su esposo no es solo un homenaje familiar, sino un reconocimiento a todos los servidores públicos que trabajan con honestidad y vocación por un mejor país. Su testimonio añadió una fibra emocional que recordó que detrás del hombre público siempre hay un ser humano con virtudes, afectos y valores que lo sostienen.

Orlando Jorge Mera dejó una huella profunda. Fue abogado, académico, político y comunicador. Se desempeñó como presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (2000-2004), miembro fundador del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y delegado político ante la Junta Central Electoral. Como profesor universitario, conferencista y autor de obras jurídicas (entre ellas Derecho de la Propiedad Intelectual y Regulación, Telecomunicaciones y Propiedad Intelectual) contribuyó a la formación de nuevas generaciones.

No obstante, quizás su capítulo más trascendente fue su gestión como Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2020-2022), designado por el presidente Luis Abinader. Desde el primer día asumió la misión de fortalecer la protección de los ecosistemas, reducir la contaminación y ordenar políticas públicas históricamente postergadas. Su visión de un país que respete su patrimonio natural continúa siendo una referencia obligada.

Nacido en Santiago en 1966, esposo, padre, servidor público y hombre de Estado, Orlando Jorge Mera demostró que se puede transitar la vida política sin renunciar a los valores. Por eso su memoria no se desvanece; se transforma en guía.

Designar un edificio con su nombre es importante. Pero aún más importante es mantener vivo el ejemplo que representó: un liderazgo responsable, decente, dialogante y comprometido con causas nobles.

En honor a su memoria, que nunca debe morir, corresponde ahora a la sociedad y a sus instituciones trabajar para que hombres como él no sean excepción, sino regla. Porque un país que reconoce a sus mejores hijos se honra a sí mismo.