Opinion

303 mil millones de barriles: La verdadera batalla por Venezuela recién comienza

La captura fue el acto más fácil. Controlar el mayor yacimiento petrolero del planeta sin ocupación militar define el futuro de la hegemonía estadounidense en América Latina.

Por Francisco Tavárez
Director, Grupo de Comunicación El Demócrata

Venezuela enfrenta la paradoja más desconcertante de su historia reciente: Nicolás Maduro cayó, pero el régimen permanece. Millones de venezolanos que durante décadas anhelaron el fin de la dictadura chavista contemplan ahora, entre el estupor y la frustración, cómo la cabeza del sistema ha sido cercenada mientras el cuerpo sigue en movimiento.

La pregunta que resuena en Caracas, Miami y Washington es la misma: ¿liberación o cambio de gerencia?
La operación que extrajo a Maduro de Miraflores la madrugada del pasado mes no solo reconfiguró el tablero político venezolano. Redefinió las reglas mismas del juego geopolítico hemisférico. Donald Trump, con Marco Rubio como estratega principal y la fiscal general Pam Bondi blindando jurídicamente la operación, ejecutó lo que muchos consideraban impensable: una incursión militar en territorio soberano para capturar a quien Washington y muchos otros Estados nunca reconocieron como presidente legítimo.

Maduro lo subestimó. Apostó a que las convenciones del derecho internacional, el multilateralismo y el costo político interno en Estados Unidos funcionarían como diques infranqueables. Se equivocó. Durante meses bailó, cantó y se burló de Trump en cadenas nacionales, convencido de que la Casa Blanca jamás cruzaría esa línea roja. Su error de cálculo fue mayúsculo: infraestimó tanto la determinación del presidente estadounidense como la fragilidad de su propio círculo de protección.

LA TRAICIÓN DESDE DENTRO: PADRINO LÓPEZ Y EL PRECIO DE LA LEALTAD

Las revelaciones de Fernando Cocho, experto internacional en ciberseguridad e inteligencia con más de treinta años de experiencia en unidades de inteligencia españolas, y Ron Aledo, veterano del Ejército estadounidense y exanalista senior de inteligencia para la CIA y la Defense Intelligence Agency, convergen en un punto inquietante: la operación fue posible gracias a una meticulosa infiltración del aparato de seguridad venezolano. No se trató simplemente de inteligencia satelital o superioridad militar. Fue traición institucionalizada.
Cocho plantea una tesis explosiva: el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa y comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, habría sido el arquitecto interno de la caída de Maduro. “Parece ser que Padrino no solo traicionó a Maduro, sino que negoció también la forma en la que va a quedar el sistema y su figura”, afirma el analista español en entrevista exclusiva con este medio.

La evidencia más contundente es su ausencia en las actas de detención judicial que sí incluyen a Maduro, Diosdado Cabello y otros cuatro miembros del régimen. Con una recompensa de quince millones de dólares sobre su cabeza, Padrino López tenía tanto el incentivo económico como el acceso privilegiado necesario para facilitar la operación.

La precisión quirúrgica de Delta Force durante los ciento cincuenta y cinco minutos que duró la incursión solo puede explicarse con información en tiempo real desde dentro. Maduro estaba protegido por tres círculos concéntricos de seguridad, el más íntimo compuesto por Los Avispones Negros, una unidad de élite de la inteligencia cubana con cuarenta efectivos entrenados específicamente para su protección.

“Alguien de dentro tuvo que dar la información exacta: dónde estaban las cámaras, los dispositivos de seguimiento, la ubicación precisa de cada miembro del círculo de seguridad”, explica Cocho, quien ha participado en negociaciones con grupos criminales como la Familia Michoacana en México. “Solo sabiendo exactamente dónde estaba la habitación del pánico blindada pensaba para su protección ante amenazas extremas, cuáles eran los recorridos de seguridad y cuántos miembros protegían cada círculo se pudo ejecutar con esta precisión”.

Los treinta y dos agentes cubanos que murieron defendiendo a Maduro hasta el final representan el único componente del aparato de seguridad que no fue penetrado. “Son muy difíciles de comprar, están increíblemente adoctrinados ideológicamente”, señala Ron Aledo, quien durante su carrera en inteligencia trabajó como contratista para agencias clave del gobierno estadounidense. Su lealtad ideológica resultó inquebrantable.

La venezolana, no tanto.
Aledo confirma que la CIA ejecutó durante meses una sofisticada campaña de reclutamiento: “La CIA compró a muchísimos generales venezolanos, los puso a sueldo para que facilitaran la penetración de los helicópteros que capturaron a Maduro”. El proceso incluyó contactos con familiares residentes en Estados Unidos, monitoreo de redes sociales y la intercepción de comunicaciones por parte de la Agencia de Seguridad Nacional. “Se habla con los familiares de estos militares que viven en Estados Unidos, se identifican potenciales candidatos, se investiga lo que dicen en Facebook, en X, la NSA intercepta sus emails y textos para verificar su lealtad al régimen”, detalla el exagente de la CIA.

El dato más revelador: durante toda la operación, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, con más de ciento veinte mil efectivos, permaneció inmóvil. Más de sesenta misiles Tomahawk impactaron instalaciones militares y aeropuertos venezolanos para impedir la fuga de otros miembros del régimen, y no hubo respuesta militar alguna.

“Posiblemente esa misma noche les dijeron a sus soldados ‘tienen la noche libre’, ‘van a pasar helicópteros, no disparen’, ‘hagan mantenimiento de la defensa aérea’”, explica Aledo sobre cómo se facilitó la incursión. Los generales reclutados proporcionaron “inteligencia operacional en tiempo real: dónde está Maduro exactamente, cuánta gente hay en su casa, cuántos guardias, cuántos escoltas cubanos”, complementada con vigilancia satelital y drones espía.

DELCY RODRÍGUEZ: ¿PRESIDENTA INTERINA O REHÉN POLÍTICA?

La permanencia de Delcy Rodríguez como presidenta encargada alimenta la especulación sobre su verdadero rol. Cocho sugiere que Washington no permitirá que la oposición tradicional venezolana, incluida María Corina Machado o Edmundo González Urrutia, tenga protagonismo en esta transición. “Ya Marco Rubio tiene en la cabeza qué tipo de oposición va a presentarse y ahí no cuenta ni María Corina ni el presidente electo que estaba en España”, afirma categóricamente el experto español.

Aledo plantea dos escenarios sobre el rol de Rodríguez: “Existe la posibilidad de que ella ya había sido reclutada antes, como estoy seguro que se reclutaron a otras personas del círculo íntimo de Maduro”. Sin embargo, considera más probable lo que denomina el “Plan A” de Trump: “Gobernar Venezuela a través de Delcy Rodríguez, utilizarla como presidente títere, marioneta, para que a través de ella Trump pueda hacerse con todo el petróleo de Venezuela”.

“Ella está entre la espada y la pared”, continúa el exoficial del Pentágono. “O hace exactamente lo que Trump dice y por lo menos se queda con su vida, o el Plan B es con violencia. Cualquier día les puede caer un misil mientras duermen”.
Este cálculo tiene una lógica implacable. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo: trescientos tres mil ochocientos millones de barriles según datos de la OPEP, superando a Arabia Saudita. El control de esos recursos no es solo una cuestión económica. Es un instrumento geopolítico de primer orden para fortalecer el petrodólar frente a los intentos de Rusia y China de promover el yuan como alternativa en el comercio energético global.

“Esto es increíblemente importante para Trump porque defiende la fortaleza del petrodólar”, explica Aledo. “Al apoderarse de las reservas gigantescas de petróleo de Venezuela, fortalece el dólar frente a los intentos de Rusia y China de hacer del yuan una alternativa”.

Ya se han bloqueado los envíos de crudo venezolano a China, y Washington negocia la venta prioritaria a Exxon y Chevron. Las acciones de ambas corporaciones registraron incrementos inmediatos en la bolsa de valores tras la captura de Maduro. El mensaje es claro: Estados Unidos no solo recuperó influencia política en su patio trasero, sino que se posiciona para controlar directamente uno de los activos energéticos más codiciados del planeta.

EL DILEMA DE LA OPOSICIÓN VENEZOLANA

María Corina Machado y Edmundo González Urrutia enfrentan ahora un dilema existencial. Durante años lideraron la resistencia contra el chavismo, movilizaron masas, sobrevivieron a la represión y construyeron una legitimidad internacional que parecía incuestionable.

Hoy descubren que su futuro político no depende de su capacidad de movilización ni de su liderazgo interno, sino de cálculos estratégicos que se hacen en Washington sin consultarles.

Trump no necesita héroes locales. Necesita operadores funcionales a sus intereses. La estabilidad política de Venezuela, en este momento, depende de la estabilidad económica que pueda garantizarse mediante el control del petróleo. Y ese control requiere interlocutores dóciles, no líderes con agenda propia y base popular movilizada.

La oposición tradicional ha tenido que moderar su discurso. Ya no puede exigir elecciones inmediatas ni transición democrática plena sin considerar los tiempos y condiciones que impone Washington. El margen de maniobra se ha reducido drásticamente. La paradoja es brutal: lucharon décadas por derrocar a Maduro, lo lograron mediante una intervención extranjera, y ahora dependen de esa misma potencia extranjera para tener algún rol en el futuro de su propio país.

APUESTA TOTAL: LOS RIESGOS DE TRUMP

La operación representa una apuesta monumental para Trump. Las imágenes de Maduro esposado, procesado junto a su esposa Cilia Flores, constituyen una victoria propagandística innegable.

Demostró que puede hacer lo que otros presidentes estadounidenses solo amenazaron. Rompió con décadas de contención estratégica y estableció un precedente: Estados Unidos está dispuesto a actuar unilateralmente cuando lo considere necesario, independientemente de las convenciones internacionales.

Pero cuando se apuesta tanto, también se puede perder mucho. Trump enfrenta una oposición política feroz en el Congreso, un deterioro económico doméstico que preocupa a los votantes y múltiples frentes geopolíticos abiertos simultáneamente. La pregunta es hasta qué punto los estadounidenses valoran esta acción en Venezuela como algo que justifica la inversión, el riesgo político y el impacto que tiene regionalmente.

Las elecciones de medio término en noviembre son cruciales. “Si el Senado o la Cámara caen en poder demócrata en noviembre, se le acabó la fiesta a Trump”, advierte Aledo. “No quiere complicar esto con bajas americanas”. Una ocupación prolongada o bajas estadounidenses significativas en territorio venezolano podrían revertir cualquier ganancia política derivada de la captura de Maduro. Por eso Washington descarta el despliegue masivo de tropas terrestres y apuesta a controlar Venezuela mediante aliados locales y presencia militar limitada.

“No creo que sea el plan enviar tropas porque se ve muy feo, recordaría el colonialismo”, continúa el exanalista de la CIA. “Además, estamos en año electoral. Si el Senado o la Cámara caen en poder demócrata en noviembre, se le acabó la fiesta a Trump”.

El otro factor de riesgo es interno venezolano. Los colectivos armados, milicias paramilitares que suman casi cuatrocientas mil personas según estimaciones de organismos de derechos humanos, cuadruplican en número al ejército regular. Si deciden movilizarse de forma coordinada, pueden desestabilizar el país de manera catastrófica.

“Hasta ahora los colectivos no se habían movilizado, pero según últimas noticias están empezando a hacerlo”, alerta Cocho. Esta fuerza, cuatro veces superior al ejército regular, representa la mayor amenaza para la estabilidad del período de transición. El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, cuyos principales líderes permanecen en silencio, representa otra incógnita peligrosa.

Si Delcy Rodríguez no cumple con las instrucciones de Washington, Aledo explica que existe un Plan B: “Estos generales que están a sueldo del gobierno de Estados Unidos siguen allí. Si Delcy no hace lo que Trump dice, pueden activarlos para un golpe militar. Y es un golpe que van a ganar cien por ciento seguro porque cuentan con todo el apoyo de inteligencia militar de Estados Unidos”.

EL VERDADERO ARQUITECTO: MARCO RUBIO

Para Cocho, quien realmente dirige la estrategia estadounidense no es Donald Trump sino el Secretario de Estado Marco Rubio. “Trump es un empresario que utiliza la ‘estrategia del loco’, una táctica que ya empleó Nixon durante Vietnam, para ganar ventaja en negociaciones. Pero quien conoce perfectamente Venezuela, Cuba y tiene una visión clara de la transición es Marco Rubio”, explica el experto español.

El objetivo secundario, según Aledo, es claro: “Derribar indirectamente al gobierno de Cuba. Sin petróleo venezolano y sin dinero venezolano, Trump y Rubio esperan que la economía cubana colapse catastróficamente”.

LA NUEVA DOCTRINA MONROE: PODER SIN DISCULPAS

Más allá de Venezuela, la operación envía un mensaje inequívoco a toda América Latina: Estados Unidos ha recuperado su vocación intervencionista. La llamada Doctrina Monroe del siglo XXI, estilo Trump, no solo defiende la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental. La impone mediante acción directa cuando considera que sus intereses están amenazados.

China y Rusia han optado por replegarse estratégicamente. Pekín perdió en días lo que tardó años en construir: acceso preferencial al petróleo venezolano y una cabeza de playa geopolítica en Sudamérica. Moscú, empantanado en Ucrania y con recursos limitados, no tiene capacidad de proyectar poder en el Caribe. La reacción internacional ha sido tímida. Incluso gobiernos de izquierda latinoamericanos han medido sus críticas, conscientes de que podrían ser los siguientes si Washington considera que cruzan líneas rojas.

Pero esta demostración inequívoca de poder también plantea una pregunta incómoda: si Estados Unidos puede hacer esto con Venezuela, ¿qué impide que lo haga con cualquier otro aliado o socio que se desvíe de los intereses estadounidenses? El precedente es peligroso. Establece que las reglas del orden internacional liberal, que Washington mismo ayudó a construir después de la Segunda Guerra Mundial, pueden suspenderse unilateralmente cuando convenga.

EL FUTURO INCIERTO

Venezuela permanece en un limbo político sin precedentes. Maduro está preso, pero el chavismo no ha sido desmantelado. La infraestructura institucional del régimen sigue operativa, solo que ahora bajo supervisión estadounidense. Los generales reclutados por la CIA permanecen en sus puestos, listos para ejecutar un golpe militar si Delcy Rodríguez no cumple las instrucciones de Washington. La población civil, agotada por años de crisis económica y represión, observa con escepticismo si este cambio traerá mejoras reales a sus vidas o simplemente sustituirá a un amo por otro.

El experimento es audaz y riesgoso. Su éxito o fracaso definirá no solo el futuro de Venezuela, sino la viabilidad de una política exterior estadounidense basada en la acción unilateral y el control directo de recursos estratégicos en países soberanos. Trump ha apostado su credibilidad internacional y parte de su capital político doméstico a que puede funcionar.

Los trescientos tres mil ochocientos millones de barriles de petróleo venezolano representan más que una cifra. Son el premio que justifica reescribir las reglas del juego internacional. Son la razón por la cual Washington está dispuesto a gobernar desde las sombras un país que nunca conquistó formalmente. Son la apuesta de que el control de recursos estratégicos vale más que el respeto a la soberanía.

El mundo observa. Y Venezuela, una vez más, se encuentra en el centro de una tormenta que no provocó pero de la cual no puede escapar. La verdadera batalla no fue la captura. Es lo que viene después.